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Ramos Generales (09)



El "Crimen" del Salchichón.

 En la España del siglo XVIII, el adulterio no era solo un drama de alcoba; era un delito penal grave (en los papeles) que podía terminar con la mujer encerrada de por vida (en los papeles) en una "Casa de Galera". Para que un tribunal condenara, la ley exigía pruebas físicas irrefutables. No bastaba con el rumor ni con ver a un hombre salir corriendo; el derecho castellano de la época se basaba en el concepto de "proximidad" o “contacto carnal de vista”, donde solo se procedía al castigo si el pecado dejaba una marca material que los jueces pudieran corroborar. Lo que vamos a ver ahora es uno de los cientos de casos de adulterio en donde la infiel se salió no solo con la suya (se cogió a su amante a expensas del tiempo que su marido usaba para trabajar) sino que encima el cornudo terminó castigado.

 

LA ESPOSA Y EL CORNUDO

No se conocen en este caso los nombres reales de la pareja, pues a efectos legales el archivo de la Real Chancillería de Valladolid solo registra a los involucrados como “las partes”, e individualmente como "el acusador" y "la acusada". Pero para hacer esta crónica más fluida y llevadera, los nombraremos como Beatriz (la mujer infiel) y Amadeo (al marido engañado).

Amadeo, entonces, era un comerciante de carácter agriado y temperamento paranoico. No le faltaban razones para ninguna de las dos cosas: vivía los últimos tiempos alimentado por constantes sospechas de infidelidad de su esposa, producto de rumores vecinales y comportamientos extraños de ella con otros hombres del barrio.

Beatriz, por su parte, era una mujer astuta que sabía perfectamente que, en la España de la Ilustración, un minúsculo detalle podía ganarle a la más grande de las acusaciones.

 

EL PLAN Y LA SORPRESA

Amadeo no llegó temprano a su casa por casualidad. Convencido de que por fin iba a obtener una prueba de las acciones licenciosas de su señora (¿tendría algún dato, o solo una corazonada? ¿O ella invitaba a su amante tan seguido que cualquier día era una buena apuesta?), planificó su regreso varias horas antes de lo habitual, apenas pasado el mediodía. Subió las escaleras con sigilo, con el único objetivo de atrapar a la pareja en el acto carnal. Al abrir la puerta del dormitorio, el estrépito fue inmediato: un hombre, a medio vestir, saltó por la ventana hacia el callejón.

Amadeo sabía que necesitaba la prueba del "ayuntamiento carnal". En 1780, los tribunales eran extremadamente rigurosos: para que existiera condena, el marido debía demostrar que hubo "unión de cuerpos". Sin testigos directos del acto o señales físicas de la cópula, el caso nacía muerto.

Con la idea fija de hallar pruebas de la corneada en el mismo lecho, Amadeo fue directo a revisar la cama. Pero aquí es donde da con la primera sorpresa.

 

LA CAMA Y LA COARTADA

La cama matrimonial estaba perfectamente hecha. Las sábanas estaban frías, tirantes y sin una sola arruga que delatara que alguien se hubiera apoyado allí. Este dato era la clave del juicio: ante una cama impecable, la acusación de adulterio perdía su base legal más importante.

Ante la falta de pruebas en el lecho, Amadeo comenzó a registrar la habitación y los muebles, en busca de lo que sea. Beatriz lo observó desde la puerta. Al abrir el armario, Amadeo no encontró al hombre que acababa de saltar por la ventana, pero sí algo desconcertante: sobre los estantes descansaban platos con lonchas de queso, pan, una jarra de vino… Y un salchichón. No el del amante, ése ya había saltado por la ventana. Uno para comer.

 

LA CRIADA Y EL TESTIMONIO

El proceso llegó a los tribunales porque Amadeo necesitaba pruebas "suficientes" para obtener una sentencia que le permitiera, entre otras cosas, retener la dote de su mujer para sí, y de paso enviarla a reclusión. En el siglo XVIII, la servidumbre solía ser fundamental para este tipo de juicios, ya que las criadas, cuidadores, etc. vivían en las casas y eran testigos mudos de todo acontecer diario de cualquier hogar de clase alta.

La criada de Beatriz dio un testimonio estelar. Juró ante los jueces que su señora estaba realizando un acto de caridad: le estaba dando las sobras del almuerzo a un "pobre pretendiente de empleo" que había pasado a pedir ayuda. Según ella, el hombre saltó por la ventana por el simple susto que le dio ver entrar al amo con semejante furia. La mujer sentenció el caso al declarar que ella misma había estirado las sábanas un rato antes y que nadie las había tocado.

 

EL VEREDICTO Y EL SILENCIO PERPETUO

Los jueces determinaron que, si bien la situación era sospechosa, no había prueba de "ayuntamiento" (de que le cogieron a la mujer, bah). El hallazgo de comida en el armario no era un delito. El tribunal no solo absolvió a la señora Beatriz, sino que aplicó una figura jurídica de la época: le impuso a Amadeo el perpetuo silencio.

De esta manera, legalmente el marido tenía prohibido —bajo pena de graves multas— volver a mencionar el episodio o difamar a su mujer con esta historia. Beatriz salió del tribunal con su honra intacta ante la ley, mientras que Amadeo fue obligado a callar para siempre sobre el día en que su mujer lo hizo cornudo y él casi la descubre.

Un salchichón le dio placer a su esposa, y otro la exoneró de toda culpa.

 

ILUSTRACIONES generadas con IA.

Ramos Generales (08)

 

El Marqués escribió en 1632: "Cada año descubre mi casa un nuevo galán" (Archivo Ducal de Medina Sidonia, Leg. 891).  


El Cornudo de Sevilla

Cómo un noble sevillano aguantó 30 años de infidelidades de su adúltera esposa, y hasta pagó por silenciarlas.


El IV Marqués de los Trujillos, Diego López de Zúñiga (1595-1657), un hombre de carácter apocado, alto, cetrino, de nariz aguileña y un aire de preocupación eterna —quizá por eso más dado a los libros que a las armas—, se casó en 1618 con Juana de Andrade (1602-1652), una joven y hermosa mujer de rostro angelical pero —nadie es perfecto— que le gustaba la pija más que el dulce de leche.

Al momento del matrimonio, Juana tenía 16 años y Diego 23. Fue un típico matrimonio de conveniencia arreglado por sus familias, para unir dos mayorazgos.

Más rápido que tarde, ya fuera por la belleza y la juventud de Juana (o porque era una puta morbosa), o por lo timorato del carácter de don Diego (más bien un cornudo cobarde, ya verán), la esposa comenzó a montarse sobre cuanta buena verga encontrara (y encontró muchas).
En la Bibliothèque Nationale de France hay un diario íntimo de un embajador francés de aquellos días, que dice: "El Marqués de los Trujillos fue visto en una taberna, borracho y lamentándose: 'Mi mujer tiene más amantes que yo sirvientes’”.
De entre los incontables machos que le garcharon la mujer al cornudo del marqués, tres casos fueron los más públicos y notorios, pues dejaron rastros por llegar a la justicia o a distintas instancias de negociaciones.
Los de Pedro de Valencia y Guzmán, Fray Diego de San Juan y el capitán Martín de Eguiluz.
En 1623, Juana fue descubierta en los jardines de su propiedad con un poeta mediocre (seguramente un vivillo que se cogía mujeres ricas) llamado Pedro de Valencia y Guzmán. Ya se la venía cogiendo, pero ese episodio fue en un lugar al descubierto, y el poeta le estaba recitando poemas de amor. Juana se excusó ante su marido diciendo que cuando se juntaba con Pedro, era para leer poesía. (Es increíble como las infieles usaban las mismas excusas inverosímiles que las de hoy día).
El marqués, ya cornudo totalmente asumido, dijo en una carta, refiriéndose al poeta que todo el mundo sabía le garchaba a la mujer: "Este trovador me deshonra, pero no vale mi espada". Sin embargo la cobardía debió ceder a la presión social (todos en Sevilla sabía que su mujer se la pasaba cogiendo fuera del matrimonio, y no entendían cómo no reaccionaba) y en un acto de ¿arrojo? desafió a duelo al poeta, quien huyó a Italia de inmediato.
Unos años después, en 1627, el cornudo descubrió que Fray Diego de San Juan, un fraile mercader que comerciaba con reliquias bendecidas entre la nobleza sevillana, le vendía artículos a su mujer y por las noches se la garchaba. Es decir que el fraile, además de cogerle a la esposa, le sacaba plata.
 Las criadas decían que el fraile vestía un hábito negro para colarse a la alcoba de la esposa "como una sombra".
En 1627, el Marqués escribió a su confesor: "Sé que Juana me deshonra, pero ¿qué hacer? Si la repudio, pierdo su dote, y si la mato, el Rey me quita el título. Mejor un marido burlado que un noble arruinado" (carta hallada en el Convento de San Leandro, Sevilla). 
Todo este quilombo terminó en un Oficio de la Inquisición, que “investigó” el caso. Pero las cosas terminaron de forma rápida (como seguramente el marqués, no así sus amantes, jajaja). El marqués sobornó al notario con barriles de vino de Jerez para que "perdiera" las pruebas escritas. Ese vino, luego, fue usado en una “fiesta del Cabildo”. Por otro lado, Juana también donó 500 ducados al Convento de Santa Clara (para que la Inquisición "perdonara" su reputación) (já!). Por cierto, al fraile lo trasladaron a las Filipinas.
Juana de Andrade siguió engañando a su cornudo marido durante años, hasta que en 1635 las cosas se salieron de control otra vez. 
Martín de Eguiluz era capitán de una unidad de elite del ejército español, y se venía lustrando a la Marquesa con la bayoneta empinada. Parece que doña Juana estaba buena porque el militar se le enamoró y enfrentó al cornudo en la calle, frente a la propia casa de Diego López de Zúñiga. Martín de Eguiluz estaba borracho y gritó "No me quitarás a ella" (según un vecino que testificó en el juicio). Esta pelea terminó con el marido gravemente herido, lo que derivó en un pleito judicial. Es que el marqués, harto de ser el hazmerreír de Sevilla, llevó a juicio al amante por casi matarlo. El capitán terminó pagándole al cornudo 2.000 ducados para silenciar el escándalo.
Y acá lo más bizarro: don Diego usó parte de ese dinero para comprar un mono y vestirlo de fraile, que luego pasearía por la ciudad, presuntamente para burlarse de su mujer. (Yo creo que después de tantas infidelidades, ya estaba medio chapita).
Para evitar que le sigan creciendo los cachos en la frente, a partir de entonces el marqués encerró a su mujer en su hacienda... pero Juana escapaba disfrazada de monje, con la ayuda de un criado. (Me pregunto si parte del soborno a ese criado no habrá sido que también él se la garche xD)
Pero aguarden que falta la escena post créditos.
Hubo un cuarto amante probado por la historia (más allá de todos los machos que la esposa se garchaba constantemente, héroes anónimos): un actor italiano que circulaba por la clase acomodada de la ciudad. Sin embargo esto derivó en otro escandelete (y otro amante, obvio). Resulta que el juez que investigaba esta infidelidad… ¡también se la garchó! 
Tenemos el testimonio de una criada: "La señora recibía al juez en su alcoba... y al día siguiente, las demandas desaparecían".
Y las del propio cornudo. Cuando supo que Juana había seducido al juez que investigaba su cuarto amante, escribió al Corregidor: "Si la justicia de esta ciudad se acuesta con mi mujer, ¿a quién recurro? ¿Al Rey? ¿Al Papa?" (AGI, Gobierno, Leg. 145).
Finalmente, en 1640, el juez fue trasladado a otra ciudad y el marqués lo celebró con una fiesta ostentosa.


Esta iba a ser una entrada breve sobre una curiosidad histórica y terminó siendo un mini documental jajaja. Todo lo leído es histórico, sacado de cartas privadas y públicas, juicios, oficios, etc.

NOTA:  La imagen que ilustra la nota fue generada con IA.

Ramos Generales (07)

 

    Diferentes formas de castigar la infidelidad, según épocas y culturas.

    En la Antigua Roma, el adulterio se consideraba un delito contra el Estado y se castigaba con la ejecución. Sin embargo, esta ley no siempre se hacía cumplir y algunas personas podían evitar la ejecución pagando una multa o exilándose. Las mujeres sorprendidas haciendo trampa a menudo eran sometidas a castigos más severos que los hombres, incluida la opción de "venderse" o la obligación de caminar desnudas por las calles. [NOTA: esto da para un buen relato]
    En la Europa medieval, la traición también se consideraba un delito grave. Los hombres podían ser multados o encarcelados, y las mujeres a menudo eran sometidas a humillación pública, incluso hacerlas desfilar por las calles con un cartel con la leyenda "adúltera". Algunas mujeres incluso fueron desnudadas y azotadas públicamente.
    Durante la era puritana en Estados Unidos, el adulterio era considerado un pecado y un crimen. Los hombres y mujeres sorprendidos haciendo trampa a menudo eran sometidos a vergüenza y humillación públicas, incluido el verse obligados a llevar una "A" escarlata en la ropa, como señal de la ofensa. 

Ramos Generales (06)

"Marido Sorprende a Esposa en la Cama con su Amante."
Xilografía de Ritter vom Turn, Basilea, 1493.
Para ponerlo en perspectiva: un año después de que Colón llegó a América, el tema de los cuernos seguía tan vigente como cien años antes, en la Italia del Decamerón.

Xilografía:
1. Técnica de grabar imágenes en una plancha de madera vaciando las partes que en la reproducción o impresión deben quedar en blanco.
2. Impresión tipográfica que se hace con planchas de madera grabadas en relieve.

Ramos Generales (05)

Esposa pasándole un papel a su amante, a espaldas de su marido, que observa atentamente a un ciervo como quien se mira en un espejo.

Ramos Generales (04)

Mi tonto marido no me cumple
ni la mitad de sus deberes necesarios

Y por eso desde que tengo esas carencias
lo corneo a sus espaldas

¿Una canción? ¿Un poema? No tengo idea pero esta pieza artística me pareció fascinante.
Al margen de la pareja principal, en la que ella le pone literalmente los cuernos sobre la cabeza al viejo de su marido (quien no se percata de ello, del mismo modo que no se percata que el amigo de su mujer la tiene tomada de la cintura), me gustaría destacar al marido que viene retrasado, cargando literalmente a su mujer, que es mucho más joven y saludable que él. Con un bastón y la barba bien larga, y los dos cachos colocados en el sombrero, es un evidente cornudo, mientras su joven esposa, además de ni siquiera mirarlo, mantiene las piernas sutilmente abiertas bajo el faldón.
¿Qué historia esconderá este dibujo?
Más allá, lejos, una mujer y un hombre hablan amigablemente. ¿Será otra esposa gestionando los primeros cuernos para su marido? Nos gusta pensar que sí!

Y ahora, la misma imagen, desde otro ángulo. 
La rareza de este último dibujo es que tiene leyendas en distintos idiomas. La mujer de adelante le dice a su marido "Becio cornuto", algo muy parecido a "Viejo cornudo" en italiano. Luego hay textos que parecen franceses y alemanes. 
Si alguno sabe lo que dicen, que escriba en los comentarios.


Los dos dibujos (originalmente fueron grabados sobre cobre) son de 1618, y hacen referencia a una obra teatral en extremo popular en la Alemania de aquellos días: "Cornelius Relegatus". Trataba sobre las desventuras de un estudiante que se da a la vida de excesos, y fue tan popular que comenzaron a aparecer otras obras de idéntica temática, y hasta artistas de otras disciplinas comenzaron a explotar el concepto. Esta serie de grabados, titulada "Speculum Cornelianum", son la prueba de ello.

Ramos Generales (03)


Hogarth, Four Times of the Day, 3. Evening.
A la izquierda puede verse el edificio original del teatro Sadlers Wells. Una vaca está siendo ordeñada, lo que sugiere que son alrededor de las cinco. Es una cálida tarde de verano. En primer plano se ve a una mujer embarazada y de escote generoso, y a su marido cargando una hija seguramente de ambos. Los cuernos de la vaca asoman exactamente sobre de la cabeza del marido, sugiriendo que ha sido cornudo. (y yo agrego: que lo sigue siendo).
Otras perlitas de la imagen: un perro (obediencia, docilidad) cabizbajo está del lado del hombre. Del lado de la mujer, a la izquierda, una niña reprende (somete) a un niño, que parece a punto de llorar (manifestando lo que la pareja protagonista no muestra). Más atrás, unas manos (sin rostro, anónimas) magrean las únicas otras tetas que se ven en el dibujo (las de la vaca y las de la señora). En primer plano vemos cuatro palos erguidos, de los cuales uno solo está tomado por un palo vertical (los otros tres quedan libres), y a la misma altura, sobre la izquierda, un tronco hueco, con el agujero vertical en dirección a los tres palos. 
Esta pieza es brillante.
Fecha: 1738.

Ramos Generales (02)

The Cuckold Departs For The Hunt (1800). (El cornudo sale de caza.)
Artista: Isaac Cruikshank (1764-1811)

Ramos Generales (01)

Fiesta en el día de los regentes, 1812. George, el Príncipe Regente, bailando y bebiendo en una lujosa fiesta con la esposa del hombre de verde, sentado detrás. El marido está con un gesto abatido y sosteniendo una hoja con la Orden del Día (una especie de lista de cosas para hacer), que enumera: "desayuno, dos para colgar en Newgate , horarios de almuerzo, cena y té, seguidos de Cena - aventura alemana, salchicha con pan, queso, y besos a la noche", y con los pies apoyados en la partitura titulada "El chiste negro", mientras detrás de él hay dos figuras demoníacas que tocan cuernos franceses, aludiendo a su actual condición de cornudo. A través de una abertura en el palacio se ve una horca y personas pobres que buscan alivio.
Artista: Isaac Cruikshank (1764-1811)